El respeto y su importancia en nuestra realidad

“Sin sentimiento de respeto, no hay forma de distinguir los hombres de las bestias”
-Confucio
Respeto
Desde hace un par de semanas he charlado de manera continua con mi padre, han sido pláticas largas donde conversamos de todo lo que se nos ocurre y en donde intentamos desmenuzar los pormenores de cada situación planteada como si al comprender las causas de una situación pudiésemos realizar algo por mejorar la realidad que hoy nos toca vivir.
Sí estimado lector, somos conscientes que al ser ciudadanos de “a pie” poco podamos realizar en el entorno macro económico o social de nuestro País y aun así, decidimos invertir tiempo en realizar esta acción para al menos, tras el aprendizaje que esto ofrece, modificar las propias conductas (e invitar a otros a realizar lo mismo) a fin de siquiera intentar promover un cambio en el entorno inmediato.
Papá radica desde hace 4 años en Estados Unidos de América (EUA) y yo, por algunas cuestiones relativas a mi negocio he realizado viajes con regularidad a ese País durante los últimos 7 años de mi vida. Este contexto es necesario para este texto porque entre las diversas pláticas que hemos sostenido ha resultado inevitable comparar diversas cuestiones relativas a EUA y México. Si bien es más que evidente que la disparidad entre el alcance global, la economía, política y algunas otras cuestiones no permiten realizar una medición exacta, hay un tema que llamó nuestra atención al notar la notable diferencia en la cultura de respeto demostrada por la mayoría de los ciudadanos de EUA.
Respeto
De acuerdo a la Real Academia Española, el respeto debe comprenderse como la veneración o acatamiento que se hace a alguien o las manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía, es decir, en pocas palabras es cumplir con algunas leyes o reglas (escritas, verbales o conductuales) ya establecidas en algún sitio. Sin embargo, llevar este valor a la práctica resulta por demás complejo ya que solo basta con caminar un par de cuadras en nuestra ciudad para observar cómo, en cualquier momento alguien está realizando algo que rompe alguna regla: pasarse un alto, estacionarse donde o como no debe, tirar basura en la calle o hasta sentirse dueño de la vía pública apartando lugares sin cubrir la cuota requerida en el Ayuntamiento.
Quizá las acciones señaladas le parezcan lejanas e incluso piense que solo las demás personas la realizan pero, desafortunadamente al ser la mayoría quiénes lo hacen, es un problema real que aqueja a nuestro País. Como usted podrá comprender, el ir quebrantando reglas “pequeñas” promueve cambios en la conducta ya que, de acuerdo con lo señalado por Dispenza (2012) al modificar los hábitos nuestro cerebro se reprograma alterando las conexiones prestablecidas y replanteando las sustancias químicas que produce nuestro cuerpo culminando así en el desinterés por cierta regla o por los demás.
Ahora bien si trasladamos esto a un entorno mayor, quizá podamos comprender (aunque sea de manera parcial) porque existen grupos “sociales” que se manifiestan solicitando alguna u otra cosa y utilizan algún derecho que se les confiere sin importarles cómo afecten a los demás, un ejemplo claro de esto es el estado de sitio en el que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantiene a Oaxaca. Según ellos se manifiestan en contra de la reforma educativa promovida por el Presidente de nuestro País pero lo realizan invadiendo vialidades, lapidando comercios y alterando el orden social. Nuestra ciudad no es ajena a estos ejemplos, recientemente algunos taxistas eligieron la violencia como forma de manifestación al agredir a operadores afiliados a la plataforma Uber® e incluso al diputado Sergio Desfassiux Cabello asumiendo una conducta clara de falta de respeto hacia otras personas y hacia la envestidura de Diputado del Sr. Desfassiux.
Historias diversas
Personalmente, puedo contar historias de diversas organizaciones que he tenido la oportunidad de dirigir, siendo que algunos de los integrantes exigen y ejercen sus derechos de una manera firme y sin flexibilidad pero, al momento de cumplir sus obligaciones piden comprensión, benevolencia y hasta apelan a la buena fe. Y es que sencillamente, como dice el dicho “lo que es chueco no es derecho” y por más que una persona trate de interpretar las normas o moverlas a su conveniencia, su incumplimiento es precisamente eso, una trasgresión de las mismas que debería tener consecuencias objetivas, mesuradas y claras.
Remontaré las líneas de este escrito a la figura mítica del Samurái, término utilizado para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón. Éstos pertenecían a una élite militar que gobernó el país durante cientos de años y se caracterizaron por el anhelo de morir por su señor o por su causa. Sobre estos guerreros existen mitos, leyendas, películas e incluso una forma de capacitación en el desarrollo de habilidades directivas utilizada recientemente llamada Samurai Game. Lo que pocas personas conocen es que la principal diferencia de estos guerreros de élite con los demás guerrero de bajo rango era que los samurái basaban cada una de sus acciones en 7 principios elementales a través de los cuales buscaban mejorar su conducta y entonces acceder a un alto grado de consciencia de lo que sucedía en el entorno, dichos principios eran: rectitud, valor, benevolencia, respeto, honestidad, honor y lealtad.
Actualmente aún es posible observar rasgos fuertes de este tipo de conducta en las culturas orientales y entonces, resulta relativamente sencillo convivir y cerrar negocios con ellos porque uno solamente debe respetar las reglas y al interlocutor. Quizá esta sea la medicina que tanto buscan los sociólogos para reparar el daño a nuestra sociedad, quizá solamente necesitemos empezar a respetar la individualidad de los demás, los cargos de las compañías u organizaciones así como las reglas que estructuran nuestro andar durante los días, de otra manera, siempre nos comportaremos como personas que se la pasan inquietando a los demás con comentarios o acciones negativas que impiden su progreso (entiéndase grilleros).
Elija usted bien estimado lector, que de su elección se deriva no la ilusión del mundo que quiere dejar para las siguientes generaciones sino el mundo que quiere vivir hoy.
@asesorjd
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