Trabajo, como realizarlo aunque no quieras hacerlo

No trabajo

El trabajo agobia en ocasiones

Tienes un proyecto que dejaste suspendido -ese en el que la fecha de entrega cada vez está más incómodamente cerca-. Y existe el cliente al que le deberías regresar la llamado -el que no hace nada más que quejarse y consumir tu valioso tiempo- Espera, ¿no querías ir al gimnasio de manera constante este año?

¿Puedes imaginarte cuánta culpa, estrés y frustración te ahorrarías si de alguna manera pudieras realizar esas cosas que no quieres hacer aunque se suponga que debas hacerlas?  Esto sin mencionar que tan feliz serías y que tan eficiente serías.

La buena noticia (y en verdad lo es) es que puedes mejorar en no dejar las cosas detrás, utilizando la estrategia correcta. Para descubrir cuál estrategia utilizar es necesario comprender por qué estás dejando todo para después, aquí te presento algunas causas y soluciones propuestas:

  1. Dejas las cosas de lado porque tienes miedo a equivocarte.

    La solución es adoptar un enfoque de prevención.

    Existen dos formas de mirar cualquier tarea. Puedes hacer algo para mejorar la situación actual -como un logro-.

    Como cuando completas un proyecto de manera exitosa y así impresionas a tu superior, o como cuando realizas ejercicio para verte fabuloso. Los psicólogos llaman a esto el enfoque de promoción -y las investigaciones dicen que cuando tienes este enfoque estás motivado por el pensamiento de generar ganancias y trabajas mejor porque te sientes ansioso y optimista-. ¿Suena bien verdad?

    Bueno, si tienes miedo a equivocarte al realizar una tarea, éste no es el enfoque que necesitas. La ansiedad y la duda minimizan la motivación del enfoque por promoción, dejándote aún con menos ganas de realizar algo.

    Lo que en realidad necesitas es encontrar una manera para analizar y comprender las acciones que necesitas realizar para llevar la tarea a cabo sin sentirte abrumado por la duda. Cuando tienes un enfoque de prevención, en lugar de pensar acerca de cómo puedes terminar mejor, observas las tareas como una manera de mantenerte en aquéllo que ya tienes -para prevenir las pérdidas-.

    Bajo este enfoque, terminar un proyecto de manera exitosa es una forma de prevenir que tu superior se moleste o piense que tu capacidad es menor a la que pensaba que tenías.

    Hacer ejercicio de manera regular es una forma “para no dejarte caer”.

    Décadas de investigación que la autora de este artículo refieres en su libro “Enfoque”, muestran que la motivación por prevención aumenta al mismo tiempo que la ansiedad acerca de lo que podría salir mal. Cuando te enfocas en evitar perder, se vuelve claro que el único camino para mantenerse fuera de peligro es tomar acción inmediata. Mientras más preocupado estés, más rápido actuarás.

    Sé que esto no suena muy divertido, particularmente si tu enfoque mental se identifica más con el enfoque de promoción, pero probablemente no exista una mejor manera de superar tu ansiedad de equivocarte que pensar en las consecuencias de no hacer nada en absoluto. Así que ánimo, asústate un poco. Se siente horrible, pero funciona.

  2. Estás dejando algo para después por que no sientes el ánimo para hacerlo.

    La solución es ignorar tus sentimientos ya que éstos se interponen en tu camino.

    En el libro “The Antidote: Happiness for People Who Can’t Stand Positive Thinking“, el autor Oliver Burkerman señala que pasamos mucho tiempo diciendo cosas como “es que me es imposible pararme de la cama en la mañana” o “No puedo ser constante para hacer ejercicio”, lo que en realidad significa que no podemos animarnos a nosotros mismos para realizar esas cosas. Porque al fin de cuentas, nadie te está amarrando a la cama por las mañanas o no hay bravucones atemorizantes bloqueando la entrada al gimnasio. Físicamente no hay nada deteniéndote, es solo que no te sientes con el ánimo de hacerlos.

    Pero como Bukerman pregunta: “¿Quién dice que tienes que esperar hasta sentir ganas para que empieces a hacerlo?

    Piénsalo por un minuto porque es muy importante. En algún punto del camino, compramos la idea -sin darnos cuenta- que para estar motivados y efectivos necesitamos sentirnos con ganas para realizar algo. En verdad no sé porque creemos esto, no tiene ningún sentido. Sí, en algún momento debes estar comprometido con lo que estás haciendo – necesitas querer ver el proyecto terminado o tener mejor salud o tener un inicio más provechoso de tu día- pero no necesitas tener ánimo para hacerlo.

    De hecho, como Burkerman señala, muchos de los artistas, escritores e innovadores más exitosos se volvieron así gracias a su confianza en las rutinas de trabajo que los forzaron a poner cierto nýumero de horas al día, sin importar si no estaban inspirados (o con resaca). Bukerman nos recuerda la observación de Chuck Close quién señala que “la inspiración es para los amateurs. El resto de nosotros nos levantamos y nos ponemos a trabajar”

    Así que si estás sentado por ahí dejando algo de trabajo a un lado solo porque no tienes ganas, recuerda que no necesariamente necesitas sentirlas. No hay nada que te detenga.

  3. Estás poniendo algo de lado porque es difícil, aburrido o no placentero de alguna manera.

    La solución a esto es utilizar el método de planificación “sí-entonces”.

    A menudo, tratamos de solucionar este problema particular con voluntad pura: La próxima vez, me obligaré a empezar más pronto. Claro, si en realidad tuviéramos la fuerza de voluntad para hacer eso, nunca lo hubiésemos dejado de lado la primera vez.

    Los estudios muestras que la gente sobre estima de manera rutinaria su capacidad de auto control, y confía demasiado en ésta para mantenerse fuera de problemas.

    Hazte un favor a ti mismo y abraza el hecho que tu fuerza de voluntad es limitada, y que no siempre estará tan alta como para levantarte a hacer las cosas que encuentras difíciles, tediosos o no satisfactorias. En lugar de ello utiliza la planificación “sí-entonces” para realizar el trabajo.

    Hacer un plan “sí-entonces”  es más que solo decidir qué pasos específicos necesitas tomar para completar un proyecto ya que también se debe decidir dónde y cómo se realizarán éstos. A continuación se describen dos ejemplos sencillos de cómo se pudiera realizar ésta actividad.

    “Si son las 2 p.m., entonces detendré lo que hago y empezaré a trabajar en el reporte que me pidieron.”
    “Si mi superior no menciona mi petición de aumento de sueldo en la reunión, yo mencionaré el tema antes que ésta acabe.”

    Al decidir por adelantado hacia donde te diriges, y donde y como lo realizarás, no habrá deliberación cuando llegue el momento ya que preguntarás ¿tengo que hacer esto ahora o puede esperar para después o quizá debería hacer algo más en su lugar?

    Es en el momento de deliberar cuando la fuerza de voluntad se vuelve necesaria para realizar una elección difícil. La planificación reduce de manera drástica la necesidad de fuerza de voluntad, confiando que realizaste la decisión adecuada antes del momento crítico. De hecho, el uso de la planificación “sí-entonces” ha demostrado en más de 200 estudios que incrementa la tasa de obtención de objetivos y la productividad entre un 200 y 300%

Sé que las tres estrategias que te comparto -pensar en las consecuencias de fallar, ignorar tus sentimientos e involucrarte en planificación detallada- no suenan tan divertidas como el consejo “¡sigue tu pasión!” o “¡Mantente positivo!” Pero tienen la ventaja de ser totalmente efectivos.

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​La Dra. Heidi Grant es una científica Senior en el Instituto de Neuroliderazgo, y directora adjunta del Centro de Ciencias de la Motivación en la Universidad de Colombia. Es autora del libro bestseller “Nueve cosas que la gente exitosa realiza de forma distinta”. Su último libro es “Nadie te comprende y qué hacer con ello” que ha sido publicado en medios nacionales e internacionales. La encuentras en Twitter como @heidgrantphd

El artículo original está en: https://hbr.org/2014/02/how-to-make-yourself-work-when-you-just-dont-want-to

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