Investigación y Desarrollo como base de la Inteligencia competitiva

“Sólo la renovación puede mantener, el que se queda parado, se retrasa.”
– Everhardus Johannes Potgieter

Investigación y desarrollo
Como seguramente usted comprenderá estimado lector, mi semana está llena de actividades que me llevan de un lado a otro y para las que tengo que buscar la máxima efectividad al momento de realizarlas. Al llegar el fin de semana por lo general decido que después de tanta actividad me voy a dar un gusto y busco algo sabroso (aunque poco nutritivo) para comer.
Fue así que durante el pasado fin de semana después de buscar un poco encontré un lugar dedicado a la manufactura de botana: totopos, cacahuates, papas y chicharrón entre otras. Si bien no tiene nada de interesante, la magia ocurrió cuando probé el primer totopo. Tenía la consistencia y grosor adecuado además de no estar saturado de aceite como se acostumbra, era tan bueno el sabor y textura que me terminé la bolsa que había comprado.
Al día siguiente, visité de nueva cuenta el establecimiento para comprar más “suministros” y tuve la fortuna de coincidir con el dueño del negocio, a quién me aventuré a hacerle algunas preguntas manteniéndome fiel a mi curiosidad por saber cómo opera la gente su negocio.
Resultó que para lograr el totopo perfecto (como yo le llamo ahora) el señor había realizado una serie de pasos que a continuación describo:
  1. Compró una bolsa de cada una de las principales marcas de totopo distribuida en San Luis Potosí.
  2. Probó los diversos totopos y elaboró una tabla donde otorgó una calificación cualitativa en 5 aspectos diferentes de acuerdo a su propia percepción.
  3. Pidió a su familia y amigos que le ayudaran a calificar a la competencia utilizando su propia escala.
  4. Integró y estudió los resultados y tomando ese conocimiento como base, se dedicó a crear diversos prototipos de totopos.
  5. Una vez que documentó la forma en que realizó cada tipo distinto de totopo, pidió de nueva cuenta a sus amigos y familiares que probaran los totopos hasta que obtuvo una receta en la que obtuvo una calificación uniforme y satisfactoria.
De este ejemplo hay mucho que aprender ya que si bien el negocio mencionado es una pequeña empresa, sin saberlo, el dueño utilizó herramientas similares en esencia a las utilizadas por los grandes corporativos en cuestiones de Investigación y Desarrollo.
Pérez y Placer (2011) llevaron a cabo un estudio en Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) a través del cual entrevistaron a propietarios de empresas españolas con la intención de conocer el grado de vigilancia tecnológica (VT) que éstas aplican la misma. Sobre el tema, Palop y Vicente (1999) y Davidson (2001) señalan que la VT adquiere gran importancia como parte de la inteligencia competitiva centrada en el ámbito científico y tecnológico ya que detecta, analiza y difunde información de interés para la estrategia de la organización con un enfoque de proceso multidisciplinar.
Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destacó en 2009 la carencia de trabajos que analicen la aplicación de la VT en PyMEs a pesar de que éstas organizaciones representan más del 95% del tejido empresarial de las economías desarrolladas.
Pérez y Placer (2011)  mencionan que la complejidad del entorno económico y tecnológico obliga a las empresas a mejorar su competitividad mediante la innovación. Es ahí donde la VT se convierte en una herramienta fundamental como proceso sistemático que apoya a la innovación.
Competencia global
Los mismos autores señalan que el contexto económico y tecnológico actual se caracteriza por la competencia global, la rapidez en el cambio y la dificultad de las empresas de competir en costos con las economías emergentes. Dentro de esta situación, la competitividad de las organizaciones se ve comprometida por su capacidad de reacción y adaptación al entorno mediante una adecuada administración de la información y el conocimiento que dé lugar a productos nuevos y a procesos más eficientes.
Por su parte, Escrosa y Maspons (2001) mencionan que la inteligencia competitiva (IC) es una herramienta fundamental  para las organizaciones ya que permite tomar decisiones óptimas al orientarse a la observación, vigilancia y comprensión de los distintos entornos comerciales, jurídicos y tecnológicos que pueden afectar a la organización.
La OCDE (2009) dice que si bien todos los entornos son importantes, las economías desarrolladas se destacan la tecnología y la innovación como base de la competitividad. Para el caso de nuestro País, la cifra estimada de inversión en temas de innovación y desarrollo fue de 7’696,542 millones de pesos que representa apenas el 0.54% del Producto Interno Bruto (PIB) de acuerdo a los datos compartidos por The Global Economy y el Banco Mundial. Quizá la cifra señalada pudiera ser considerada como suficiente pero al observar la comparación del porcentaje del PIB realizada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), encontramos que nuestro País se encuentra en el lugar número 21 en este rubro a nivel mundial, situado por debajo de Argentina y Costa Rica entre los países de Latinoamérica.
Finalmente estimado lector, si usted posee un negocio o si trabaja en uno dirigido por otra persona, es necesario que considere invertir tiempo, dinero y esfuerzo en adecuar o mejorar su producto o servicio a fin de atender las necesidades reales de sus clientes actuales y potenciales ya que esto le permite obtener una ventaja competitiva que promueva el crecimiento exponencial de su negocio hacia nuevos niveles de operación y utilidad.
Por el momento me despido recordando la frase de Arthur Clarke quién decía que la única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible.
@asesorjd
https://asesorjuliodelgadillo.net
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