¿Cuándo debes preocuparte sobre el fracaso y cuándo no?

preocupacion por fracaso

Todos fracasamos, todo el tiempo. Podemos perder una llamada o video conferencia con un cliente debido a una reunión laboral de emergencia o perder una junta porque surgió algún proyecto urgente de imprevisto. Y entonces nosotros (o nuestras familias) nos enfermamos, y tenemos que cambiar nuestras prioridades de nueva cuenta.
Este tipo de fallas no coordinadas son benéficas, creo. Reflejan que todos nosotros tenemos recursos limitados. Simplemente no hay suficiente tiempo, energía o dinero para hacer todo lo que quieres hacer al mismo tiempo. Parte de ser un adulto responsable es aprender a negociar con nosotros mismos, a equilibrar el conflicto entre tus metas y tratar de realizar tanto como puedas en el tiempo que tienes.
Las fallas no coordinadas también te ayudan a calibrar la manera adecuada de negociar, específicamente entre esfuerzo y precisión. Si fallas ocasionalmente, probablemente estás obteniendo el equilibrio justo. Si fallas demasiado seguido, probablemente no estás poniendo el esfuerzo suficiente. Si nunca fallas, existe la posibilidad de que estés invirtiendo demasiado tiempo en tus proyectos, porque en general, mientras más trabajes en un proyecto, más avanza.
Al llevar un proyecto en particular a un estado de mucho valor, te estás otorgando menos tiempo a ti mismo para otras cosas que requieren tu atención. El truco está en determinar cuánto esfuerzo es suficiente para cada proyecto, para que con el paso del tiempo, puedas administrarte y cuidar más cosas que necesitas hacer y hacerlas lo suficientemente bien.

Debes estar atento es de las fallas sistémicas.

La falla sistémica es cuando quieres obtener un objetivo en particular pero nunca lo consigues.
Quizá es un logro mayor, como escribir un libro o unirte a un club o fraternidad, o puede ser una meta importante del día a día, como hacer ejercicio o comer de manera más saludable.
Sin importar lo que sea, las causas de la falla sistémica usualmente se reducen a alguna combinación de estos tres factores:
1. Presiones de corto plazo contra metas de largo plazo.
Este es el culpable más obvio. La mayoría de nosotros somos arrastrados a obtener objetivos de corto plazo en vez de invertir tiempo en proyectos de largo plazo.
Múltiples investigaciones sugieren que nuestros cerebros están diseñados para preferir actividades que nos otorguen recompensas en el corto plazo en lugar de aquellas cuyo beneficio es a largo plazo.
Por ejemplo, muchas personas me han dicho que les gustaría iniciar un negocio, pero nunca han planificado cómo hacerlo. La razón para esta falla es que siempre hay otras actividades que requieren su atención en el momento, así que no pueden avanzar en la planificación de su negocio.

Las personas que se administran para cumplir sus metas de largo plazo crean un espacio de tiempo donde de manera regular realizarán algún progreso para conseguirlo. Por ejemplo, casi todas las personas que conozco que tienen un negocio, han dedicado algún espacio de tiempo durante cada semana a planificar.

2. Ambientes que son hostiles con nuestras metas.
De manera constante e inconsciente a menudo realizamos lo que nos parece más sencillo en lugar de aquello que creemos que es más importante. Los correos electrónicos son un buen ejemplo.
Si eres como la mayoría de las personas, mantienes tu servidor o programa de correo abierto durante toda la jornada laboral. Consecuentemente, cada mensaje que recibimos es una invitación para dejar lo que estamos haciendo para revisarlo.
Se siente como trabajo –y es mucho más fácil que terminar la presentación de 100 diapositivas o revisar cuidadosamente una hoja de cálculo. Cerrar el correo electrónico por algunas horas al día puede remover esta fuente de distracción del ambiente.
Para hacer tu ambiente más agradable, podrías poner recordatorios de aquellas metas en las que estás fallando de manera sistémica. Incluso un pequeño post it en tu monitor o dejar el libro que intentas leer en tu escritorio puede ser suficiente. Investigaciones recientes (ver) sugieren que estos pequeños recordatorios proveen pistas que disparan acciones, incluso si no estás consciente de que los viste.
3. Trabajar demasiado.
Muchos lugares de trabajo crean presión para permanecer en la oficina por más y más horas, lo que (paradójicamente) crea oportunidades para las fallas sistémicas.
El trabajo no es una competencia a muerte donde la última persona que quedé de pie gana. La mayoría de las personas tienen un número de horas óptimo durante las cuales trabajan cada día.
Por ejemplo, yo puedo ser productivo en un trabajo por alrededor de 8 o 9 horas al día, pero si paso más tiempo que ese ahí, en algún punto, empezaré a realizar “trabajo falso”, puedo parecer ocupado, pero no estoy realizando ningún progreso en nada.
Desde ese punto en adelante, cualquier cantidad de tiempo que gaste en la oficina es quitarle tiempo a mis otras metas de vida.
Descubre y conoce tu propia capacidad para trabajar. Una vez hecho esto, esfuérzate por trabajar mientras estés en el trabajo y no hacerlo cuando no lo estés.
De esa manera, puedes ahorrar tiempo y energía para otros objetivos no laborales en tu vida. La siguiente ocasión que te encuentres en un problema, evalúa si es una falla no coordinada –como resultado de tratar de balancear las compensaciones de la vida (o circunstancias no previstas que no sucederán de nueva cuenta)- o una falla sistémica.
Puedes comprender las fallas sistémicas en tu vida como el canario en la mina de carbón que te advierte que necesitas realizar un cambio significativo en tus acciones.
Si detectas alguna falla sistémica en tu vida, necesitas realizar un cambio en tu conducta. Si no realizas cambios, continuarás fallando. Finalmente, si experimentas muchas fallas sistémicas, puede ser valioso reconsiderar el número de actividades que estás realizando.
Quizá necesitas dejar algunas responsabilidades de lado o delegarlas a alguien más, antes de que experimentes más fallas sistémicas.
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